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Siberia arde, Groenlandia se derrite y el Amazonas se quema

Siberia arde, Groenlandia se derrite y el Amazonas se quema

Este verano está siendo una pesadilla para el medio ambiente global y una prueba más del horror del cambio climático. 32 grados en Alaska, 11.000 millones de toneladas menos de hielo en un solo día en Groenlandia o los incendios en Siberia, el Amazonas o Gran Canaria nos alertan de la debacle.

La Tierra llora y nos recuerda que ni somos eternos ni el planeta es de nuestra propiedad, aunque actuemos como tal. El verano de 2019 pasará a los anales de la historia no precisamente por traer buenas nuevas, sino por la suma de desastres que evidencian la crisis climática en la que vivimos, causada por un insostenible capitalismo voraz y la constante destrucción y expolio de los recursos naturales. Deterioro de la biodiversidad, defunción de glaciares, subida del nivel de los océanos, virulentos huracanes, sequías e inundaciones, ciudades que se hunden, especies que se extinguen y peor salud para todos.

Habrá 120 millones de pobres en 2030 por el apartheid climático (y la culpa es de los ricos)

Durante este período estival han destacado varias desgracias que compilamos a continuación. En primer lugar, tanto julio como junio serán tristemente recordados por batir temperaturas récord que plasman la rapidez y peligrosidad del calentamiento global. El suroeste de Europa acogió temperaturas entre 6 y 10 ° C por encima de lo normal, Alaska llegó a los 32 grados -es decir, que el Círculo Polar Ártico igualó los termómetros neoyorquinos el pasado mes de julio– y en la India las temperaturas superaron los 50º cuando todavía estábamos en primavera.

Incendios que arrasan los pulmones del mundo

En España vivíamos esta semana el descorazonador incendio de Gran Canaria, el más importante en nuestro país desde 2012. 9.200 hectáreas han sido devastadas y 10.000 personas han tenido que ser evacuadas. En total, ha afectado al 8% de la superficie de la isla.

Si miramos al Ártico, incendios masivos han sido particularmente graves en Siberia y Alaska en los últimos tiempos. Solamente durante junio, el fuego en estas regiones polares emitieron más CO2 que Suecia en un año entero. Las columnas de humo, llenas de megatones de partículas pequeñas y dañinas, podrían viajar a otras áreas del mundo y causar serios problemas respiratorios a las personas.

A estas alturas de agosto, los incendios de Siberia -todavía intensos y activos, difíciles de extinguir debido a las altas temperaturas y los niveles de humedad- han provocado una nube de humo más grande que la Unión Europea y se han perdido 4,3 millones de hectáreas de bosque de taiga, que alberga la mayor cantidad de biomasa forestal de la Tierra. En Alaska los incendios han devorado más extensión que los de California el año pasado.

Mientras, en Islandia ha tenido lugar la pasada semana un funeral simbólico por el desaparecido glaciar Okjökull, conocido como Ok. En la placa titulada “Una carta al futuro”, se advierten los efectos adversos del cambio climático, que también está derritiendo Groenlandia o los glaciares del Himalaya, liberando sustancias químicas contaminantes acumuladas hace décadas o afectando negativamente a toda la vida humana, vegetal y animal de la zona. En esa cordillera ya se pierde el equivalente anual a 3,2 millones de piscinas olímpicas.

 

Fuente: Intriper

 

El Amazonas lleva más de dos semanas ardiendo ante la impasividad de gobiernos y el escaso protagonismo en telediarios. Entre el 1 de enero y el 18 de agosto se han registrado 74.155 focos, un 82% más que en el mismo período del año pasado, cuando se registraron 39.194. Ahora mismo permanecen importantes incendios activos que afectan a Acre, Rondonia, Mato Grosso y Mato Grosso do Sul, además de a la frontera brasileña con Bolivia y Paraguay.

Los fuegos del Amazonas, según WWF, ponen el riesgo entre el 17% y el 20% del agua del planeta, el 10% de la biodiversidad mundial, el 20% del oxígeno del planeta y 6,7 millones de kilómetros cuadrados de bosque. En sus tierras viven más de 2.500 especies distintas y 350 grupos indígenas amenazados por el expolio a los recursos, la deforestación propiciada por los cultivos para abastecer a la ganadería intensiva o la industria maderera y las políticas de Jair Bolsonaro, negacionista climático que incluso ha llegado a echar la culpa en los últimos días a las ONG de los incendios.

¿La solución a todo este desastre? Infinitamente compleja, pero es preciso cambiar radicalmente de sistema en todas las industriasel modelo energéticoel consumo y el la economía mundial. Solamente un centenar de empresas son responsables del 70% de las emisiones de CO2, mientras que si hablamos de población, el 10% más rico causa la mitad. Los 3.500 millones de personas más pobres del mundo solamente son responsables del 10% de las emisiones de gases de efecto invernadero. 

Mientras que en manos de las empresas y los gobiernos está proteger los recursos naturales, favorecer la repoblación autóctona, la protección de especies o la soberanía alimentaria, instaurar un modelo energético sostenible basado en renovables o descarbonizar la economía, a nivel individual las personas de a pie también tenemos responsabilidad en nuestra mano. 

Algunas de las medidas sugeridas por científicos y expertos para parar el desastre y contribuir a luchar contra el cambio climático son practicar las tres R de la economía circular -reducir, reutilizar y reciclar, en ese orden de importancia-, hacer un uso eficiente del agua o de la electricidad, apostar por el transporte público y la bicicleta, emplear electrodomésticos de bajo consumo, vivir sin plástico, reducir el desperdicio de alimentos, comprar a granel, local, de proximidad y de temporada o adoptar una dieta vegetariana.

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.