Salud

Por qué no eres capaz de comerte una sola patata frita, según la ciencia

Por qué no eres capaz de comerte una sola patata frita, según la ciencia

¿Eres capaz de abrir tu bolsa de Pringles o Lays y comer una única patata frita? Probablemente no, algo debido a un factor sorpresa revelado en un estudio que te incita a devorar este snack a puñados.

¿Por qué encuentras tan adictivas las patatas fritas? ¿Era cierto el famoso eslogan de “cuando haces pop ya no hay stop? Al margen de su potente sabor -culpa de saborizantes y químicos no saludables, por otra parte-, otro de tus sentidos se sobrecarga, impidiéndote picar solo uno de estos snacks e incitándote a acabarte la bolsa: todo se debe al sonido que hacen las patatas fritas. 

Un estudio, disponible en el siguiente enlace, descubrió que el crujido que se produce inevitablemente a medida que tus dientes aplastan algo crujiente es una parte importante del factor de deseabilidad de un alimento. La gente asocia la sonoridad de un crujido con la frescura de la comida.

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El estudio, que ganó el Premio IgNobel en 2008, involucró a 20 participantes, a cada uno de los cuales se les pidió que evaluaran la frescura de 180 patatas Pringles -equivalentes a dos tubos-. Los dos investigadores principales hicieron que todos los participantes usaran auriculares para poder manipular el volumen de cada participante que escuchó el crujido característico al morder.

¿El resultado? A medida que los participantes escucharon más fuerte el crujido, más lo percibieron como más crujiente y fresco y, como resultado, más deseable. Si bien esta señal adictiva es subconsciente, el sonido juega un papel importante en nuestro disfrute general de todo lo que comemos, además de los olores, de los sabores o del aspecto visual.

Puedes reflexionar acerca de lo decepcionante que resulta morder una patata que sencillamente se rompe en su boca sin un crujido satisfactorio. Eso ocurre con cualquier tipo de comida, desde productos frescos como un pimiento rojo hasta productos envasados ​​como pretzels salados. Al morder una manzana crujiente o unos fingers rebozados, asociamos el ruido fuerte posterior con su frescura, lo que lo hace aún más apetitoso.

“Estos resultados resaltan el importante papel que pueden desempeñar las señales auditivas en la modulación de la percepción y evaluación de los productos alimenticios (a pesar de que los consumidores a menudo no son conscientes de la influencia de dichas señales auditivas). El paradigma descrito aquí también proporciona una metodología empírica novedosa para evaluar tales contribuciones multisensoriales a la percepción de los alimentos”, indicaron los autores del estudio.

Fuente | Eat This, Not That

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Sobre el autor

Andrea Núñez-Torrón Stock

Licenciada en Periodismo y creadora de la revista Literaturbia. Entusiasta del cine, la tecnología, el arte y la literatura.